Angustia y desintegración–De la melancolía a la angustia

Dra. Ugalde
Daniel Frouman
Español 5310
Primavera 2004

Angustia y desintegración–De la melancolía a la angustia

En su estudio Poesía y estilo de Pablo Neruda Amado Alonso expone la metamorfosis de la poesía de Neruda al comparar dos distintas etapas poéticas del autor chileno, señalando que la poesía de Neruda sigue una progresión o una matiz de cambio de expresión. La expresión sentimental del poeta evoluciona hacia una reflexión o meditación profunda cada vez más aferrada a los sentimientos crudos del hombre y alejándose cada vez más de las estructuras objetivas y equilibradas (Alonso, 57).
Alonso mantiene que el carácter de la evolución de la poesía nerudiana sufre una progresión de la melancolía hasta la angustia y que este contraste se manifiesta en la comparación de la primera etapa de la poesía de Neruda representada en Veinte poemas de amor y la segunda etapa de la poesía de Neruda que inaugura con Residencias.
Las obras previas a Residencias poseen una tristeza inherentemente bella; la expresión de un dolor infinito no se presenta hasta Residencias.
La melancolía de Veinte poemas aparece disfrazada de nostalgia. El yo poético expresa su pesar por la pérdida de algo, encarnada en la pérdida de un amor, no obstante, el continuo adiós de las cosas perdidas le sirven al yo poético como medio de retención de lo perdido. Hay cierta coexistencia de la felicidad y la tristeza. El yo poético se haya en su melancolía y llanto como si fuera un vaso de vino amargo en el cual la joven voz del yo poética proyecta su sufrimiento y al mismo tiempo se escapa de ella. Al meditar en la melancolía el joven revive el pasado que tanto anhela, ve la mujer que tanto extraña, oye su voz, y hasta la llega a tocar de nuevo a través de la poesía.
Al contraponer la melancolía de Veinte poemas con la angustia de Residencias presenciamos la metamorfosis de la poesía nerudiana. En la segunda etapa de la poesía el yo poético no tiene para donde escapar; su pena y su dolor residen en él mismo y en todo lo que lo rodea. Su melancolía lo toca todo, lo encumbre todo y se transforma en angustia, desesperación, desilusión y decepción. Alonso declara que la expresión de la angustia del yo poético se ha movido de una expresión basada en lo episódico o circunstancial hacia una angustia perpetua y sin limites. En Veinte poemas la angustia provenía de una tragedia amorosa. El dolor es fruto de la pérdida de algo querido. Sin embargo, el dolor llega pero también se va. Este no es el caso en la segunda etapa de la poesía de Neruda en la cual predomina una angustia irreparable. La pena llega y no se va.
En la primera etapa de la poesía nerudiana el llanto del yo poético es en sí hermoso. La pena trae con sí belleza. Se podría comparar con la destrucción de una rosa. Del mismo modo que la destrucción de la rosa produce perfume, la descomposición del espíritu humano trae con sí belleza lírica. Alonso acentúa esta postura al señalar que las imágenes de Neruda cambian al describir la melancolía del yo poético demostrando que al principio Neruda usa la metáfora del llanto y el viento de una forma positiva. El llanto del joven melancólico se asocia con el viento del sonido musical que produce el sufrimiento. La metáfora del llanto y el viento se presencia aún en la poesía de la segunda etapa de Neruda no obstante su relación es otra. El autor usa la metáfora para asignar al dolor un carácter violento asociando el viento con una tormenta. Si en la primera etapa poética de Neruda el yo poético se emborrachaba con el vino de su melancolía, en la segunda etapa se ahoga en ella. La función de la melancolía, encarnada en el llanto del yo poético, evoluciona de una solución inicial o escape al sufrimiento humana en Veinte poemas hacia la encarnación del verdugo del yo poético en Residencias.
Neruda ya no se apoya en el sufrimiento humana como elemento catalizador hacia la creación de una bella poesía sino que usa la angustia en su visión poética para expresar una oscura visión del mundo. El poeta expresa la esencia efímera de la vida al notar que cada paso por el camino de la vida es un paso hacia la muerte. Se concentra en la descomposición del mundo natural y del hombre y sus esfuerzos.
Esta imagen negativa o realista del mundo queda patente en Residencias. Alonso destaca esta perspectiva pesimista del autor al ostentar la aludida tesis de Neruda: lo que está vivo lo está simplemente por que huye de la muerte. Consecuentemente, el fin de todas las cosas es la muerte, el caos y el desorden. Es imposible ignorar la semejanza entre el punto de vista de Neruda y la teoría del desorden y caos que dicta que todas las cosas van de mal en peor, que las construcciones del hombre se destruyen, que lo que sube baja, y que la energía invertida en la vida es energía invertida en la muerte. Alonso apoya esta postura al señalar el descomedido uso de palabras que expresan descomposición en Residencias, enumerando algunos ejemplos: lo desvanecido, lo desteñido, lo carcomido y lo consumido.
En resumen, al contraponer la poesía de la primera etapa de Neruda con su segunda etapa, se presenta la evolución no solo de la perspectiva del autor en lo que se refiere a la pena humana sino también una evolución de los símbolos metafóricos usados en el retrato poético del autor. Neruda intercambia el lenguaje positivo usado para alabar a los objetos naturales que representan la inherente belleza del llanto melancólico del yo poético en la primera etapa de su poesía por un lenguaje permanentemente negativo para así sostener la tesis de la segunda etapa poética distando que el sufrimiento no es una condición o un adjetivo de la vida sino que es la esencia misma de la existencia humana.

Concierto barroco: polifonía y fuga

March 23, 2006 11:49AM

SPAN 5313

Daniel Pasquale Frouman

Dra. Echeverría

Concierto barroco: polifonía y fuga

El escritor cubano, Alejo Carpentier (1904 – 1980), además de novelista y ensayista, era músico y musicólogo con un gran interés en la música cubana. A través de su carrera se enfocó en el estudio de la música cubana. Presentó ensayos y conferencias y publicó varios volúmenes sobre la historia de la música de su país. Tal era su vocación musical y artística (estudio arquitectura también) que afirmaba que era menester que todo escritor estudiara otras formas artísticas para enriquecer su mundo estético y espiritual. Carpentier tocaba el piano y compuso libretos para operas y ballet. No es de extrañarse, por lo tanto, que su conocimiento musical se refleje en una gran parte de sus obras literarias como Los pasos perdidos y Concierto barroco (Bush 129) y que su literatura se haya clasificado por algunos críticos de literatura musical, o novela sinfónica, caracterizada por Paul Emille Cadilhac como una obra literaria en la cual su autor crea un ambiente musical por medio del uso de imágenes, comparaciones, y léxicos prestados del vocabulario de música (174).

Concierto barroco está basado en Montezuma, una opera de Antonio Vivaldi que se estrenó en Venecia en 1733. El libreto de la opera fue escrita por Alvise Giusti quien pretende relatar la Conquista de México. La obra del autor cubano está escrita desde un punto de vista musical y permite al escritor reflexionar sobre la identidad latinoamericana. Al leer las obras de Carpentier el lector percibe la presencia musical y ve que la obra es alegórica a una composición de música. En Concierto barroco, la música se presenta como unos de los temas principales y desempeña al mismo tiempo una función estructural. El lenguaje de Carpentier provee un tono rítmico y melódico, contribuyendo a la musicalidad de la obra. La alusión musical de la obra no es casualidad ya que Carpentier ha señalado que la incorporación de una retórica musical y la utilización de principios y componentes musicales es explícita en sus obras: “The problem of musical form has preocupied me a great deal, always. And I have tried to make transpositions of formal musical concepts to formal literary ones (7)”. En este ensayo pretendemos examinar algunos de los componentes musicales, y en particular la fuga y la polifonía, de Concierto barroco y como estos se relacionan con la aprehensión del tiempo y la libertad estética que presenta Carpentier.

La fuga se basa en la expresión, organización y desarrollo de la contraposición de ideas, o pluralidad de voces, y se define en parte por la unidad que emerge de la dualidad de estas voces distintas. El contrapunto se caracteriza por la contraposición y cruce entre dos o más voces musicales. La polifonía de la fuga se basa en la contraposición temporal de varias líneas melódicas; se trata de una organización de melodías que poseen cierta parentela entre sí. O sea, los músicos tocan dos o más melodías independientes simultáneamente y juntos crean una unidad musical, no obstante cada melodía mantiene su autonomía e independencia. Las líneas melódicas poseen cierta relación armónica y rítmica entre sí. El compositor las crea independientes la una de la otra y después las va encajando la una con la otra. La clave de la fuga es el tiempo y la sincronización de la pluralidad de voces En Concierto barroco, Carpentier intercala melodías y ritmos europeos y afrocubanos; sincroniza el pasado, el presente y el futuro en conjunto con la pluralidad cultural, histórica e mítica tan propia del caribe en el cual coexisten elementos europeos, indígenas, y africanos. La escena central de la obra que aparece en el quinto capítulo culmina en una gran polifonía compuesta del “fabuloso ímpetu” de Vivaldi, las “vertiginosas escalas” de Scarlatti, el “bajo continuo” de Haendel y las improvisaciones de Filomeno (Carpentier 19-21).

Carpentier presenta una polifonía temporal también en la cual combina el pasado, el presente y el futuro. Coexisten músicos barrocos (Domenico Scarlatti y Jorge Federico Haendel), clásicos (Antonio Vivaldi), y modernos (Igor Stravinski y Luis Armstrong) en el mismo espacio temporal del protagonista. El tiempo narrativo de Carpentier es atemporal; es un presente que se desarrolla continuamente. Nos presenta la conciencia humana del tiempo, o sea, la noción de que un pasado y un futuro no son nada más que productos de la conciencia humana del presente. Lo que cobra importancia estética entonces es el presente, o sea, lo que siente el protagonista, su existencia y experiencia intelectual, mental y emocional. El pasado, el presente y el futuro ocurren simultáneamente dentro del espacio intelectual o sensorial. La imagen que creamos del pasado y del futuro, ya sea por medio de la literatura, música, ritos culturales y el arte, existe dentro de nuestro espacio temporal presente. Podríamos argüir, por lo tanto, que todos los eventos del pasado, tales como nos los imaginamos, ocurren al mismo tiempo dentro de nosotros en conjunto con la visión que tenemos del futuro. Entonces el pasado y el futuro figuran dentro del intelecto como una polifonía de ideas, conceptos e imaginarios.

La música encarna esta relación entre el tiempo y el intelecto. La música existe solamente en un presente en progreso. No posee un pasado ni un futuro objetivo, o abstracto, que no sea musical. Tiene su propio futuro y su propio pasado y crea su propio espacio temporal durante el transcurso, o movimiento, de una melodía. Esta es la esencia de la música: la constante creación de un antes y un después, los cuales ocurren dentro de un plano presente en progreso. O sea, la música va presentando la tensión temporal entre las notas ya tocadas y las que se están por tocar (Joan Stambaugh 276). Carpentier nos presenta el tiempo histórico-cultural por medio de un esquema musical y la vez nos presenta un concierto musical por medio de un esquema histórico-cultural, ostentando la polifonía multidimensional de su obra literaria. En cuanto a la temporalidad, o falta de temporalidad, de la música, Victor Zuckerkandal mantiene lo que sigue:

Anyone who speculates about music sooner or later finds himself facing the problem of time—first, simply the concrete question of what function of the temporal element in music really is, and what particular musical effects are based upon the flow of time as such. And this question may well imply another: How are we to think of this entity “time” if we want to understand how it can produce such effect? (152)”

Al ser sinónima la temática del tiempo con la música, la presencia de la música al igual que el tema del tiempo en Concierto barroco acentúa el conocimiento musical del escritor y añade al carácter musical de la obra.

Además de la ya mencionada polifonía y atemporalidad de la obra, la alusión a la estructura musical de la fuga en la estructuración de Concierto barroco contribuye a su construcción músico-literaria. La fuga como esquema musical se caracteriza por la exposición de una idea o tema musical seguida por una segunda melodía que la va imitando y ampliando. Después se va desarrollando el tema principal por medio de episodios y al final se hace una recapitulación del tema principal. Este patrón estético, propio de la fuga, se ostenta en la estructura de Concierto barroco. Su autor nos presenta a comienzos de la obra la idea de la contraposición de melodías, culturas, historia y mitos y luego va desarrollándola y ampliándola a través de varios episodios (o capítulos) en cuales predomina el mismo tema en otros espacios ambiento-temporales.

En el primer capítulo, se presenta el tema de la música y la pluralidad de voces. Percibimos el rol de la música desde el comienzo de la obra. El mismo lenguaje del primer párrafo tiene un tono musical: “De plata los delgados cuchillos, los finos tenedores; de plata los platos donde un árbol de plata en la concavidad de sus platas recogía el jugo de los asados; de plata los platos fruteros, de tres bandejas redondas, coronadas por una granada de plata (5)”. La repetición de “de plata” en conjunto a la aliteración de “plata los platos” y “los delgados cuchillos”… “los finos tenedores”… “los platos”, etcétera, contribuyen a la musicalidad de la obra. Al desarrollarse la obra, se regresa continuamente a la música. Cada capítulo tiene una alusión musical. El autor retoca el tema principal de la música en cada episodio al igual que en una fuga. Y culmina el tema de la música en el quinto capítulo con el gran concierto. El lenguaje musical predomina en este capítulo. Carpentier ostenta su detallado conocimiento musical al describir acordes, ritmos, compases y escalas. En el último capítulo, Carpentier presenta la recapitulación del tema principal, al igual que en una fuga, al aludir al tiempo y al concierto de Luis Armstrong. Ya hemos dicho que Carpentier une la temática del tiempo con la de la música. Se recapitula tal unión al final de la obra cuando Filomeno se despide del Amo diciendo: “¿Hasta cuando? — ¿Hasta mañana? – ¿O hasta ayer?” (36) en la última escena la cual finaliza con un concierto de Jazz en cual se entreveran instrumentos acústicos y eléctricos, cubanos y europeos, y antiguos y modernos (Carpentier 37).

Otro ejemplo de la alusión a la estructura de la fuga la percibimos en la escapatoria o “fuga” espiritual o emocional que provee la música. Presenciamos desde el primer capítulo la función de evasión que desempeña la música a través de la obra: el Amo se alivia de sus pesares por medio del canto y la vihuela de Francisquillo quien canta: “Ah, dolente partita, Ah dolente partita …”. En el segundo capítulo se amplifica el concepto de la música como evasión a la realidad cuando el amo se detiene a escuchar la música de Filomeno para aliviar su impaciencia para continuar su viaje (10). El protagonista precisa evadir su existencia cotidiana, su rutina mundana, y pretende escapar viajando, no obstante, es la música lo que le alivia y permite su libertad e identificación cultural. Esto se evidencia en el capítulo II cuando el Amo conoce y contrata a Filomeno y en el capítulo VIII cuando el Amo se agobia después de ver la opera de Montezuma:

Capítulo II:

. . . le ha llamado la atención un negro libre, hábil en artes almohaza y atusado, que en los descansos que le deja el cuidado de sus bestias, rasguea una guitarra de mala pinta, o, cuando le vienen otras ganas, canta irreverentes coplas que hablan de frailes garañones y guabinas resbalosas, acompañándose de un tambor, o, a veces, marcando el rimo de los estribillos con un par de toletos marineros . . .. El viajero, para aliviarse de su impaciencia por proseguir la navegación, se sienta a escucharle, cada tarde, en el patio de las mulas (10).

Capítulo VIII:

“Por qué he de verlo como agobiado por la representación en música que acabamos de ver?” — le pregunta Filomeno (al Amo). –“No sé –dice al fin el otro . . . me ha dado mucho que pensar con extravagante ópera mexicana. Nieto soy de gente nacida en Colmenar de Oreja y Villamanrique del Tajo, hijo de extremeño bautizado en Medellín, como lo fue Hernán Cortés. Y sin embargo hoy . . . mientras más iba corriendo la música del Vivaldi . . . más era mi deseo de que triunfaran los mexicanos, en anhelo de un imposible desenlace, pues mejor que nadie podía saber yo, nacido allá, cómo ocurrieron las cosas. Me sorprendí a mi mismo, en la aviesa espera de que Montezuma venciera la arrogancia del español. . . Y me di cuenta, de que estaba en el bando de los americanos, blandiendo los mismos arcos y deseando la ruina de aquellos que dieron sangre y apellido (34)

La música cumple dentro del Amo dos funciones: Primero, le permite evadir su llana rutina cotidiana, y segundo, logra la reflexión sobre su propia identidad cultural. El Amo se da cuenta de que está del bando de los indígenas aunque sea español. La existencia de un conflicto de identidad cultural latinoamericana es insinuada aquí por Carpentier y se encarna en la reflexión del Amo al escuchar la opera. Carpentier recalca en esta escena el poder emotivo de la música. La presentación de Montezuma logra la auto-identificación del Amo con los indígenas y permite un cambio en la vida del Amo. El Amo, obviamente, conoce la historia de la Conquista de México y reconoce su herencia española, no obstante, no se identifica con los indígenas hasta que sufre la opera de Vivaldi.

La alusión a la polifonía musical, cultural y temporal que predomina temáticamente a través de la obra también se desarrolla por medio del esquema de la fuga literaria. En el segundo capítulo de la obra, Filomeno le cuanta al Amo, por medio de la música, de su honrado bisabuelo Salvador, e mezcla su historia con figuras míticas como los semicarpos, centauros, náyades, entreverando “paganismos” con “mitologías clásicas” (12). El autor alude a la contraposición musical que vendrá después cuando el Amo se antepone a la idea de que se haya logrado un concierto en cual “se mezclaron músicos de Castilla y de Canarios, criollos y mestizos, naboríes y negros”. El amo declara lo siguiente:

¡Imposible armonía! Nunca se hubiese visto semejante disparate, pues mal pueden armaridarse las viejas y nobles melodías del romance, las sutiles mudanzas y diferencias de los buenos maestros, con la bárbara algarabía que arman los negros, cuando se hacen de sonajas, marugas y tambores!”

Carpentier desarrolla a fondo el tema de la contraposición musical en la escena central del capítulo V con el concierto de Scarlatti, Vivaldi, Haendel y Filomeno en cual se contrapone las melodías barrocas y clásicas de los compositores europeos con los ritmos de afrocaribeños (19-20). Carpentier presenta la idea de la polifonía musical y cultural del caribe a comienzos de la obra por medio de Filomeno. El Amo rechaza esta unión musical, reflejando quizás la reacción occidental ante semejante fusión. Sin embargo, Carpentier vuelve a exponer este tema a través de la obra y lo va amplificando y desarrollando tal como lo haría un compositor barroco de la fuga. Carpentier desarrolla a fondo la idea de la polifonía musical y cultural en el capítulo cinco en cual se realiza el gran concierto musical y aquí la reacción del Amo ante la composición de multicultural es distinta. El amo acepta y disfruta del concierto grosso, acentuando el poder de la música. El Amo se transforma al escuchar la música. Carpentier recapitula al final de la obra el tema de la polifonía músico-cultural en el concierto de Jazz. Por lo tanto, se evidencia en la estructura de la obra una alusión muy fuerte al esquema de una fuga en cual se expone una idea seguida por desarrollo y recapitulación.

Obras Citadas

Bush, Roland E. “The Art of the Fugue”: Musical Presence in

Alejo Carpentier’s “Los pasos perdidos”. Latin American Music Review / Revista de Música Latinoamericana, Vol. 6, No. 2. (Autumn – Winter, 1985), pp. 129-151.

Carpentier, Alejo. “Cuatro preguntas a Alejo Carpentier,”

Imagen 30 (1968). Citada por Roland Bush en “The Art of the Fugue”: Musical Presence in Alejo Carpentier’s “Los pasos perdidos”.

Zuckerkandl, Victor. Sound and Symbol: Music and the

External World, trans. Williard R. Trask. Princeton: Princeton University Press, 1956. p. 152.

Stambaugh, Joan. “Music as a Temporal Form”, Journal of

Philosophy 61, no. 9 (1964): 276.

Elementos populares en la poesía de Lorca y Guillén

Dra.Echeverría

Daniel Pasquale Frouman

Español 5313

Primavera 2006

Elementos populares en la poesía de Lorca y Guillén

Al analizar algunos poemas de Federico García Lorca en conjunto con varias selecciones de poesía de Nicolás Guillén se despliega el hecho de que ambos autores poseen un compromiso hacia un empeño personal ostentada en su poesía. La poética lorquiana de Cante jondo representa la preocupación del autor español por la preservación de la pureza estética de esta tradición gitana. El compromiso socio-político de Lorca es aludido en sus obras de una forma sutil, evidenciándose en obras como La casa de Bernarda Alba en la cual su autor refleja el absolutismo franquista por medio de la ama de la casa berniana. En contraste, Guillén parece dedicar, explícitamente, su carrera poética a objetivos políticos-sociales. Lorca y Guillen incorporan elementos populares en su poesía e imitan las formas musicales de Andalucía y Cuba, respectivamente. Ambos logran su objetivo poético, ya sea político o estético, a través del uso de elementos populares como tropo poético. La incorporación de lugares populares, música popular, y imágenes violentas en la poesía de estos autores permite tres cosas: 1) la penetración del lector al contexto deseado por el autor en un mínimo de palabras; 2) la delegación del mensaje del poeta a través del homenaje a elementos populares; 3) la construcción de una imagen “flash” sin antes ni después en cual el autor puede plantear su argumento en un límite de palabras.

En su compromiso a la preservación de la pureza de la tradición del cante jondo, Lorca emplea lugares populares, creando poesía de lugar, al mencionar el Guadalquivir, Granada, Andalucía, Sevilla y Córdoba (Lorca, 1 –43). Al mencionar estos lugares no solo da homenaje a la existencia de estos lugares populares sino que cautiva al lector, sumergiéndolo en este mundo gitano-flamenco-árabe-español. Estos lugares sirven un propósito simbólico ya que en conjunto representan una gran parte de la herencia árabe, flamenca, y gitana en España. Lorca evoca estos lugares a través del Cante jondo:

El río Guadalquivir

Va entre naranjos y olivos

Los dos ríos de Granada

Bajan de la nieve al trigo

(Lorca, 2)

Sevilla es una torre

Llena de arqueros finos.

Sevilla para herir.

Córdoba para morir.

(Lorca, 14)

Al mencionar el río Guadalquivir, Granada, Sevilla y Córdoba Lorca nos mete de inmediato en el mundo árabe-flamenco con un mínimo de palabras. La alusión a Granada o Córdoba, por ejemplo, elimina la necesidad del preludio al contexto árabe-flamenco. O dicho de otro modo, el preámbulo al ambiente gitano es el léxico mismo. Candelas Newton afirma que Lorca usa un límite de palabras en Cante jondo con la afición de imitar estrictamente la esencia musical del canto popular (Newton, 18 –26). La preocupación de Lorca por el número de palabras usadas en esta obra poética explicaría el uso de lugares populares como introducción al contexto del poema. Es imprescindible notar la eficacia de esta táctica. Un lugar como Sevilla, Granada, o Córdoba comprende una gran tradición cultural e histórica. La alusión a estos lugares despierta cualquier conocimiento que tenga el lector sobre estos lugares en un instante. El lector educado percibirá de inmediato el contexto de la obra de Lorca.

Guillén emplea también esta táctica, no obstante, su finalidad es otra. Guillén da homenaje a lugares populares en un contexto político. Se enfoca en lugares de importancia socialista como la Unión Soviética y la China. La referencia a la Unión Soviética o la China sirve de introducción al contexto político. El lector penetra este mundo político de inmediato, acomodándolo así el autor para el mensaje que pretende deliberar.

Unión Soviética

Jamás he visto un trust soviético en mi patria

Ni un banco

Ni tampoco un ten cents

Ni un central…

(Guillén, 20)

Primero de octubre

Recuerdo cuando China

era una bestia fina

y endémica. La mano

hambrienta en cada esquina.

[ …] Enciende el pueblo ahora

su lámpara y su aurora.

Arde la calle; es una

Gran serpiente sonora.

(Guillén, 40)

El uso de lugares populares en la poesía de Guillén no es simplemente un homenaje a lugares de importancia socialista. La alusión a estos lugares sirve de preámbulo al contexto del mensaje de Guillén. Al mencionar estos lugares de importancia política Guillén es capaz de deliberar una defensa política en un mínimo de palabras. En Primero de octubre, Guillén nos enseña la transición de una China “endémica” a una China fuerte (“gran serpiente”). En un mínimo de versos el autor transmite el progreso de la China bajo el partido socialista y defiende la presencia socialista en Cuba en Unión Soviética.

Guillén imita también el lenguaje popular de Cuba. Esto se patentiza en “Búcate plata” de Motivos de son. En este poema, la voz poética elide las fricativas [s] y [x] al igual que [δ] entre vocales, rasgo lingüístico tan propio del caribe. Aparte de la incorporación del lenguaje coloquial, se ostenta en “Búcate plata” un marcado ritmo musical por medio de la aliteración y la repetición de versos cortos:

Búcate plata,

búcate plata,

porque no doy un paso :

etoy a arró con galleta

na .

Yo bien sé cómo etá to

pero viejo, hay que comer [. . .]

¡qué va!

Con tanto zapato nuevo,

¡qué va!

Con tanto reló, compadre,

¡qué va!

Con tanto lujo, mi negro,

¡qué va!

(Guillen 404, el énfasis es mío)

Lorca al igual que Guillén, incorporan la estructura musical-popular en su poesía. Lorca adopta la estructura de la seguiriya al imitar el lenguaje popular del canto y al construir un esquema paralela a la lírica del canto popular con intención de preserva el toque puro y el estilo original del cante jondo.

Para los barcos de vela,

Sevilla tiene un camino;

por el agua de Granada

sólo reman los suspiros.

¡Ay, amor,

amor que se fue y no vino!

(Lorca, 2)

La seguiriya se construye con estrofas de cuatro versos (Young, 152-153). Lorca imita estrictamente la estructura del canto popular en este poema. La repetición del estribillo monótono “Ay, amor, que se fue y no vino!” encarna la esencia musical de la seguiriya.

Guillen adopta la estructura lírica del son en “Tierra en la sierra y el llano” (Son).

Eres amo de mi tierra,

De los árboles y el río

te veré

Eres amo de mi vida,

Mi vida que no es de nadie,

sino mía,

Ni siquiera de mis padres, sino mía

te veré

(Guillén, 170)

Guillen utiliza estrofas de tres versos creando un paralelo entre su poesía y la tradición cubana del son. La repetición de “te veré” y “sino mía” le da un toque musical paralelo a un estribillo del son. Al comparar estos dos poemas de Lorca y Guillen observamos nuevamente la semejanza popular entre ambas poesías al igual que el contraste entre la funcionalidad de la táctica del uso de elementos populares de ambos autores y como se desarrolla en el compromiso personal de ambos poetas. Lorca emplea el canto popular en fin de preservarlo. La función del tropo popular sirve en el caso de Lorca un propósito esencialmente estético. El objetivo de Lorca es la introducción del lector a la cultura popular gitana en fin de que el lector beneficie de una apreciación más profunda del arte popular gitano. Al contraponer la seguiriya de Lorca con el son de Guillen queda patente la diferencia funcional de ambos poemas. El son de Guillén contiene un valor estético paralelo a la seguiriya de Lorca, no obstante, sirve otro propósito. Guillen no se limita a ostentar la esencia estética del son popular sino que lo utiliza como medio en su compromiso político. El son popular es un instrumento del autor en la delegación de su mensaje político. Su función es la exposición de la esclavitud del pueblo bajo el gobierno de Batista. Es de interés notar que Lorca (como ha acentuado la Dra. Echeverría) también incorpora la forma rítmica del son en “Son de negros en Cuba” de Poeta en Nueva York. En contraposición con el son-poema “Búcate plata” de Guillén, notamos que Lorca no incorpora cubanismos como la elisión de la “s” en “Son de negros en Cuba” sin embargo se enfoca en elementos populares al igual que la flora y la fauna de la isla: la ciudad de Santiago, los techos de palmera, las cigüeñas, las flores de tabaco.

Cuando llegue la luna llena iré a Santiago de Cuba,

iré a Santiago,

Cantarán los techos de palmera,

iré a Santiago,

Cuando la palma quiere ser cigüeña,

iré a Santiago,

y cuando quiere ser medusa el plátano,

iré a Santiago.

(Lorca 235)

Otro recurso poético que cabe mencionar es la construcción de una imagen “flash” sin antecedente ni posterioridad en la cual el autor puede plantear su argumento en un mínimo de palabras. Esta imagen se desarrolla a través del uso de la incorporación de elementos populares en “Puñal” de Cante jondo y Fusilamiento, de Lorca y Guillén respectivamente. La imagen violenta sin un antes ni un después es utilizada por ambos poetas para pintar una imagen común de la violencia popular. Ambas escenas de muerte son del momento. Ambos autores dejan ausente el motivo por el asesinato o el fusilamiento de las víctimas en sus poemas. El lector solo percibe una imagen violenta inmediata. En “Puñal” y Fusilamiento vemos la acción de muerte y entendemos que es una escena común, formando parte de la cultura gitana y la cultura bajo la revolución cubana respectivamente.

El puñal

entra en el corazón

como la reja del arado

en el yermo.

No.

No me lo claves.

No.

El puñal

Como un rayo de sol,

Incendia las terribles

Hondonadas

(Lorca, 9)

La violencia se asemeja en este poema a la cultivación de la tierra, acción cotidiana del pueblo. La voz poética compara el puñal a un rayo de sol. ¿Puede alguno resistir la luz del sol? La violencia y la muerte son inevitables como la luz del día. La victima se resiste a la violencia, y ruega por su vida, no obstante, su súplica es en vano y acaba muerto. Lorca utiliza esta imagen violenta como medio efusivo expresando la condición humana en un contexto de la vida gitana. La escena violenta que nos presenta Guillen en Fusilamiento es muy similar a la imagen de Lorca en “Puñal”. La ausencia de un pasado y un futuro se asemeja a la imagen “flash” que nos pinta Lorca.

Van a fusilar

A un hombre que tiene los brazos atados.

Hay cuatro soldados

Para disparar.

Son cuatro soldados

Callados,

Que están amarrados,

Lo mismo que el hombre amarrado que van

A matar

(Guillén, 137)

En Fusilamiento Guillén nos pinta un cuadro violento en un contexto político. Esta imagen no es carente de raíces populares. Es una escena común en una sociedad sufriendo una revolución política como la revolución cubana. Otra vez vemos una similitud entre los elementos e imágenes usados por los dos poetas acompañado por una diferencia en objetivo de ambos poetas. El mensaje de ambos poemas parece ser el mismo: la violencia forma parte de la sociedad. Es un elemento popular, un elemento cotidiano, un elemento natural e inevitable.

En Poema del cante jondo Lorca intenta exponer los elementos populares de la vida gitana en fin de preservar la pureza del canto gitano. La imagen violenta forma parte de la existencia gitana. Forma parte de su cultura. Lorca no ignora este elemento popular por más feo que sea. Lorca nos retrata una escena violenta en “Puñal” en la cual percibe el lector la realidad violenta gitana. Guillén hace precisamente lo mismo en Fusilamiento. La única diferencia es la motivación del poeta. Guillen despliega un compromiso social y político; incorpora elementos populares en su poesía con fines políticos. Lorca incorpora elementos populares en su poesía con un fin estético. Lorca se enfoca en la pasión gitana y nos retrata imágenes populares que ostentan las creencias, costumbres y actividades cotidianas de los gitanos. En resumen, podríamos concluir que Lorca al igual que Guillén utilizan elementos populares en su poesía como la música, los lugares, y la violencia como tropo poético que les permite deliberar con eficacia su compromiso poético, ya sea político, social, estético, o personal.

Obras Citadas

Guillén, Nicolás. Man-Making Words. Selected Poems of Nicolás Guillén. 2nd Ed.

Roberto Márquez and David Arthur McMurray. Amherst and Boston: University of Massachussets Press, 2003.

Guillén, Nicolás. Voces de Hispanoamérica: Antología literaria. 2nd Ed. Raquel Chang-

Rodríguez and Malva E. Filer. Boston: Heinle, 1996. 402-409.

Lorca, Federico García Lorca. Poeta en Nueva York. Ed. María Colementa Millán.

Madrid: Cátedra, 2003.

Lorca, Federico García Lorca. Poema del cante jondo.

www.fut.es/picl/libros/glorca/g1002200.html

Newton, Candelas. Understanding Federico García Lorca. Columbia: University of

South Carolina Press, 1995.

Young, Howard T. The Victorious Expresión. Madison: The University of Wisconsin

Press, 1964.

La reescritura del pasado

La reescritura del pasado El concierto barroco y El lápiz del carpintero, una estética posmoderna.
Daniel Pasquale Frouman
Dr. Martínez
Independent Study
Summer 2006

I
En términos generales, podríamos conjeturar que la estética novelística latinoamericana ostenta un profundo interés en la historia y el mito (Echevarría 358). Los ejemplos abundan: Terra Nostra (1976) de Carlos Fuentes recuenta la conquista de México matizada con mitos proféticos pre-colombianos los cuales advertían la avenida de los españoles; El siglo de la luces (1962) de Alejo Carpentier narra la transición de América latina del siglo XVIII al siglo XIX y el influjo de la Revolución Francesa en la cultura del Caribe combinada con mitología afrocubana; Cien años de soledad (1967) de Gabriel García Márquez, novela que se ha convertido en el prototipo de esta estética latinoamericana, relata el origen del hombre latinoamericano dentro de un cuadro mítico y fantástico. El mito se incorpora a la narrativa latinoamericana debido al hecho que la función principal de la mitología ha sido, por lo general, desarrollar una historia del origen de una cultura. El esfuerzo latinoamericano por redefinirse, por recontar su historia, por recuperar el pasado dentro de un cuadro personal y propio, se manifiesta en la matización de lo histórico con lo mítico. Roberto González Echevarría sugiere que la incorporación de elementos históricos en la narrativa proviene de la necesidad de legitimar la novela latinoamericana ya que una gran parte de los primeros escritos latinoamericanos eran de ente histórico (360-360). El mito ha venido a cobrar a la vez un gran valor historiográfico gracias a las teorías de Hayden White (Metahistory).
Por otro lado, la mitificación del pasado en la narrativa viene a formar parte de la estética del postmodernismo, ya que la mitificación del pasado germina de una nostalgia del pasado la cual, según Frederic Jameson, es un mecanismo propio de la cultura posmoderna ya que el ser posmoderno es incapaz de innovar nuevas estéticas representativas del presente debido a su inhabilidad de enfrentarse al tiempo y a la historia, produciendo una especie de amnesia histórica. Por lo tanto, crea una visión idealizada del pasado (20).
Raymond Williams afirma que la literatura del postmodernismo ostenta una falta de fe en la realidad y en la verdad y se encarna en la narrativa por medio de la ruptura del relato, la fragmentación, la discontinuidad y la anti-totalización (30). El escritor posmoderno abandona las estéticas del pasado creadas a fines de la producción de una buena novela, o buen ensayo y la coherencia de voces narrativas, diálogos, escenarios, personajes y tiempos se corrompen y predominan la intercalación de géneros, voces narrativas y espacios temporales. Se empieza a escribir una novela que se divide en capítulos o episodios que no prosiguen ninguna dimensión lineal ni cronológica en cuanto a su narración y sujetos (Jameson 16-18); todo se relata y se revela, desde la perspectiva de un ser enajenado, una voz que antes no se legitimaba como autoridad cultural, social y filosófico, un personaje marginado, bajo u oscuro (Williams 19-32).
La posmodernidad trae con sí el fenómeno interpretativo, o lo que Raymond Williams a denomina “hermenéutica fenomenología” (19) donde se legitimita la interpretación subjetiva del individuo de la realidad. La verdad se vuelve, por lo tanto, subjetiva; si es que existe en la literatura y el arte, se encuentra en cada experiencia artística porque los prejuicios del lector u observador dictan la realidad subjetiva que éste interpreta. Por lo tanto, la verdad es multi-dimensional, plural y subjetiva. Tales filósofos del postmodernismo, como Lyotard y Baudrillard, sugieren que lo real ya no es real y cuestionan si existe una diferencia entre la verdad y la falsedad. Lyotard sostiene que las grandes ideas de la ciencia, de la nación, del proletariado, del partido, etc., han perdido su credibilidad (Williams 30-32). Es de aquí que emerge la estética narrativa enfocada en la reescritura de la historia y la redefinición del ser humano dentro de su propio cuadro histórico-cultural. Se comienza a dar legitimación a las voces mitológicas, ficticias o puramente artísticas dentro de la literatura ya que éstas vienen a formar parte del imaginario colectivo cultural.
No es de extrañarse, por lo tanto, que en tales novelas como El concierto barroco de Alejo Carpentier se presente la historia de la Conquista de América desde el punto de vista del indio que viaja a Europa, ni que en una obra como El lápiz del carpintero de Manuel Rivas se relate la Guerra Civil Española por los ojos de un ex-soldado del régimen falangista que trabaja de cantinero en un prostíbulo. En el presente ensayo intentamos destacar los elementos míticos y posmodernos de las mencionadas novelas de Carpentier y Rivas. Ambas novelas despliegan una preocupación del autor por recuperar y recontar el pasado desde una perspectiva propia. La pluralidad de voces o perspectivas, tan propia del postmodernismo, se encarna en la estructura polifónica, encarnada en el tema de la música, que le otorga Carpentier a su novela y la coexistencia de sujetos narrativos de diversas épocas históricas le ofrece a su labor narrativa una cualidad mitológica. Del mismo modo, la fragmentación de la narrativa de Rivas en El lápiz del carpintero al igual que la mitificación de sus personajes históricos ostenta la matización de la mitología con la historia y ofrece una manifestación literaria del influjo de la “nueva” narrativa latinoamericana de mediados del siglo XX en la narrativa española de la última década del mismo siglo.

II
El escritor cubano, Alejo Carpentier (1904 – 1980), además de novelista y ensayista, era músico y musicólogo con un gran interés en la música cubana. Presentó ensayos y conferencias y publicó varios volúmenes sobre la historia de la música de su país. Tal era su vocación musical y artística (estudió arquitectura también) que afirmaba que era menester que todo escritor estudiara otras formas artísticas para enriquecer su mundo estético y espiritual. Carpentier tocaba el piano y compuso libretos para operas y ballet. No es de extrañarse, por lo tanto, que su conocimiento musical se refleje en una gran parte de sus obras literarias como Los pasos perdidos y Concierto barroco (Bush 129) y que su literatura se haya clasificado por algunos críticos de literatura musical, o novela sinfónica, caracterizada por Paul Emille Cadilhac como una obra literaria en la cual su autor crea un ambiente musical por medio del uso de imágenes, comparaciones, y léxicos prestados del vocabulario de música (174).
Concierto barroco está basado en Montezuma, una opera de Antonio Vivaldi que se estrenó en Venecia en 1733. El libreto de la opera fue escrita por Alvise Giusti quien pretende relatar la Conquista de México. La obra del autor cubano está escrita desde un punto de vista musical y permite al escritor reflexionar sobre la identidad latinoamericana. Al leer las obras de Carpentier el lector percibe la presencia musical y ve que la obra es alegórica a una composición de música. En Concierto barroco, la música se presenta como unos de los temas principales y desempeña al mismo tiempo una función estructural. El lenguaje de Carpentier provee un tono rítmico y melódico, contribuyendo a la musicalidad de la obra. La alusión musical de la obra no es casualidad ya que Carpentier ha señalado que la incorporación de una retórica musical y la utilización de principios y componentes musicales es explícita en sus obras: “The problem of musical form has preocupied me a great deal, always. And I have tried to make transpositions of formal musical concepts to formal literary ones (7)”. En este capítulo pretendemos examinar algunos de los componentes musicales, y en particular la fuga y la polifonía, de Concierto barroco y como estos se relacionan con la aprehensión del tiempo y la libertad estética que presenta Carpentier como mecanismo historiográfico.
La fuga se basa en la expresión, organización y desarrollo de la contraposición de ideas, o pluralidad de voces, y se define en parte por la unidad que emerge de la dualidad de estas voces distintas. El contrapunto se caracteriza por la contraposición y cruce entre dos o más voces musicales. La polifonía de la fuga se basa en la contraposición temporal de varias líneas melódicas; se trata de una organización de melodías que poseen cierta parentela entre sí. O sea, los músicos tocan dos o más melodías independientes simultáneamente y juntos crean una unidad musical, no obstante cada melodía mantiene su autonomía e independencia. Las líneas melódicas poseen cierta relación armónica y rítmica entre sí. El compositor las crea independientes la una de la otra y después las va encajando la una con la otra. La clave de la fuga es el tiempo y la sincronización de la pluralidad de voces En Concierto barroco, Carpentier intercala melodías y ritmos europeos y afrocubanos; sincroniza el pasado, el presente y el futuro en conjunto con la pluralidad cultural, histórica y mítica tan propia del caribe en la cual coexisten elementos europeos, indígenas y africanos. La escena central de la obra que aparece en el quinto capítulo culmina en una gran polifonía compuesta del “fabuloso ímpetu” de Vivaldi, las “vertiginosas escalas” de Scarlatti, el “bajo continuo” de Haendel y las improvisaciones de Filomeno (Carpentier 19-21).
Carpentier presenta una polifonía temporal también en la cual combina el pasado, el presente y el futuro. Coexisten músicos barrocos (Domenico Scarlatti y Jorge Federico Haendel), clásicos (Antonio Vivaldi), y modernos (Igor Stravinski y Luis Armstrong) en el mismo espacio temporal del protagonista. El tiempo narrativo de Carpentier es atemporal; es un presente que se desarrolla continuamente. Nos presenta la conciencia humana del tiempo, o sea, la noción de que un pasado y un futuro no son nada más que productos de la conciencia humana del presente. Lo que cobra importancia estética entonces es el presente, o sea, lo que siente el protagonista, su existencia y experiencia intelectual, mental y emocional, acentuando el fenómeno interpretativo de Williams, señalado ya en el primer capítulo de este ensayo. El pasado, el presente y el futuro ocurren simultáneamente dentro del espacio intelectual o sensorial. La imagen que creamos del pasado y del futuro, ya sea por medio de la literatura, la música, los ritos culturales y el arte, existe dentro de nuestro espacio temporal presente. Podríamos argüir, por lo tanto, que todos los eventos del pasado, tales como nos los imaginamos, ocurren al mismo tiempo dentro de nosotros en conjunto con la visión que tenemos del futuro. Entonces el pasado y el futuro figuran dentro del intelecto como una polifonía de ideas, conceptos e imaginarios.
La música encarna esta relación entre el tiempo y el intelecto. La música existe solamente en un presente en progreso. No posee un pasado ni un futuro objetivo, o abstracto, que no sea musical. Tiene su propio futuro y su propio pasado y crea su propio espacio temporal durante el transcurso, o movimiento, de una melodía. Esta es la esencia de la música: la constante creación de un antes y un después, los cuales ocurren dentro de un plano presente en progreso. O sea, la música va presentando la tensión temporal entre las notas ya tocadas y las que se están por tocar (Joan Stambaugh 276). Carpentier nos presenta el tiempo histórico-cultural por medio de un esquema musical y la vez nos presenta un concierto musical por medio de un esquema histórico-cultural, ostentando la polifonía multidimensional de su obra literaria. En cuanto a la temporalidad, o falta de temporalidad, de la música, Victor Zuckerkandal mantiene lo que sigue:
Anyone who speculates about music sooner or later finds himself facing the problem of time—first, simply the concrete question of what function of the temporal element in music really is, and what particular musical effects are based upon the flow of time as such. And this question may well imply another: How are we to think of this entity “time” if we want to understand how it can produce such effect? (152)”
Al ser sinónima la temática del tiempo con la música, la presencia de la música al igual que el tema del tiempo en Concierto barroco acentúa el conocimiento musical del escritor y añade al carácter musical de la obra.
Además de la ya mencionada polifonía y atemporalidad de la obra, la alusión a la estructura musical de la fuga en la estructuración de Concierto barroco contribuye a su construcción músico-literaria. La fuga como esquema musical se caracteriza por la exposición de una idea o tema musical seguida por una segunda melodía que la va imitando y ampliando. Después se va desarrollando el tema principal por medio de episodios y al final se hace una recapitulación del tema principal. Este patrón estético, propio de la fuga, se ostenta en la estructura de Concierto barroco. Su autor nos presenta a comienzos de la obra la idea de la contraposición de melodías, culturas, historia y mitos y luego va desarrollándola y ampliándola a través de varios episodios (o capítulos) en los cuales predomina el mismo tema en otros espacios ambiento-temporales.
En el primer capítulo, se presenta el tema de la música y la pluralidad de voces. Percibimos el rol de la música desde el comienzo de la obra. El mismo lenguaje del primer párrafo tiene un tono musical: “De plata los delgados cuchillos, los finos tenedores; de plata los platos donde un árbol de plata en la concavidad de sus platas recogía el jugo de los asados; de plata los platos fruteros, de tres bandejas redondas, coronadas por una granada de plata (5)”. La repetición de “de plata” en conjunto a la aliteración de “plata los platos” y “los delgados cuchillos”… “los finos tenedores”… “los platos”, etcétera, contribuyen a la musicalidad de la obra. Al desarrollarse la obra, se regresa continuamente a la música. Cada capítulo tiene una alusión musical. El autor retoca el tema principal de la música en cada episodio al igual que en una fuga. Y culmina el tema de la música en el quinto capítulo con el gran concierto. El lenguaje musical predomina en este capítulo. Carpentier ostenta su detallado conocimiento musical al describir acordes, ritmos, compases y escalas. En el último capítulo, Carpentier presenta la recapitulación del tema principal, al igual que en una fuga, al aludir al tiempo y al concierto de Luis Armstrong. Ya hemos dicho que Carpentier une la temática del tiempo con la de la música. Se recapitula tal unión al final de la obra cuando Filomeno se despide del Amo diciendo: “¿Hasta cuándo? — ¿Hasta mañana? – ¿O hasta ayer?” (36) en la última escena la cual finaliza con un concierto de Jazz en el cual se entreveran instrumentos acústicos y eléctricos, cubanos y europeos, y antiguos y modernos (Carpentier 37).
Otro ejemplo de la alusión a la estructura de la fuga la percibimos en la escapatoria o “fuga” espiritual o emocional que provee la música. Presenciamos desde el primer capítulo la función de evasión que desempeña la música a través de la obra: el Amo se alivia de sus pesares por medio del canto y la vihuela de Francisquillo quien canta: “Ah, dolente partita, Ah dolente partita …”. En el segundo capítulo se amplifica el concepto de la música como evasión a la realidad cuando el amo se detiene a escuchar la música de Filomeno para aliviar su impaciencia para continuar su viaje (10). El protagonista precisa evadir su existencia cotidiana, su rutina mundana, y pretende escapar viajando, no obstante, es la música lo que le alivia y permite su libertad e identificación cultural. Esto se evidencia en el capítulo II cuando el Amo conoce y contrata a Filomeno y en el capítulo VIII cuando el Amo se agobia después de ver la opera de Montezuma:

Capítulo II:
. . . le ha llamado la atención un negro libre, hábil en artes almohaza y atusado, que en los descansos que le deja el cuidado de sus bestias, rasguea una guitarra de mala pinta, o, cuando le vienen otras ganas, canta irreverentes coplas que hablan de frailes garañones y guabinas resbalosas, acompañándose de un tambor, o, a veces, marcando el rimo de los estribillos con un par de toletos marineros […]. El viajero, para aliviarse de su impaciencia por proseguir la navegación, se sienta a escucharle, cada tarde, en el patio de las mulas (10).

Capítulo VIII:
“Por qué he de verlo como agobiado por la representación en música que acabamos de ver?” — le pregunta Filomeno (al Amo). –“No sé –dice al fin el otro . . . me ha dado mucho que pensar con extravagante ópera mexicana. Nieto soy de gente nacida en Colmenar de Oreja y Villamanrique del Tajo, hijo de extremeño bautizado en Medellín, como lo fue Hernán Cortés. Y sin embargo hoy . . . mientras más iba corriendo la música del Vivaldi . . . más era mi deseo de que triunfaran los mexicanos, en anhelo de un imposible desenlace, pues mejor que nadie podía saber yo, nacido allá, cómo ocurrieron las cosas. Me sorprendí a mi mismo, en la aviesa espera de que Montezuma venciera la arrogancia del español. […] Y me di cuenta, de que estaba en el bando de los americanos, blandiendo los mismos arcos y deseando la ruina de aquellos que dieron sangre y apellido (34)
La música cumple dentro del Amo dos funciones: Primero, le permite evadir su llana rutina cotidiana, y segundo, logra la reflexión sobre su propia identidad cultural. El Amo se da cuenta de que está del bando de los indígenas aunque sea español. La existencia de un conflicto de identidad cultural latinoamericana es insinuada aquí por Carpentier y se encarna en la reflexión del Amo al escuchar la opera. Carpentier recalca en esta escena el poder emotivo de la música. La presentación de Montezuma logra la auto-identificación del Amo con los indígenas y permite un cambio en la vida del Amo. El Amo, obviamente, conoce la historia de la Conquista de México y reconoce su herencia española, no obstante, no se identifica con los indígenas hasta que sufre la opera de Vivaldi.
La alusión a la polifonía musical, cultural y temporal que predomina temáticamente a través de la obra también se desarrolla por medio del esquema de la fuga literaria. En el segundo capítulo de la obra, Filomeno le cuenta al Amo, por medio de la música, de su honrado bisabuelo Salvador, y mezcla su historia con figuras míticas como los semicarpos, centauros, náyades, entreverando “paganismos” con “mitologías clásicas” (12). El autor alude a la contraposición musical que vendrá después cuando el Amo se antepone a la idea de que se haya logrado un concierto en cual “se mezclaron músicos de Castilla y de Canarios, criollos y mestizos, naboríes y negros”. El amo declara lo siguiente:
¡Imposible armonía! Nunca se hubiese visto semejante disparate, pues mal pueden armaridarse las viejas y nobles melodías del romance, las sutiles mudanzas y diferencias de los buenos maestros, con la bárbara algarabía que arman los negros, cuando se hacen de sonajas, marugas y tambores!”
Carpentier desarrolla a fondo el tema de la contraposición musical en la escena central del capítulo V con el concierto de Scarlatti, Vivaldi, Haendel y Filomeno en el cual se contrapone las melodías barrocas y clásicas de los compositores europeos con los ritmos de afrocaribeños (19-20). Carpentier presenta la idea de la polifonía musical y cultural del caribe a comienzos de la obra por medio de Filomeno. El Amo rechaza esta unión musical, reflejando quizás la reacción occidental ante semejante fusión. Sin embargo, Carpentier vuelve a exponer este tema a través de la obra y lo va amplificando y desarrollando tal como lo haría un compositor barroco de la fuga. Carpentier desarrolla a fondo la idea de la polifonía musical y cultural en el capítulo cinco en el cual se realiza el gran concierto musical y aquí la reacción del Amo ante la composición de multicultural es distinta. El amo acepta y disfruta del concierto grosso, acentuando el poder de la música. El Amo se transforma al escuchar la música. Carpentier recapitula al final de la obra el tema de la polifonía músico-cultural en el concierto de Jazz. Por lo tanto, se evidencia en la estructura de la obra una alusión muy fuerte al esquema de una fuga en la cual se expone una idea seguida por desarrollo y recapitulación. Del mismo modo, la matización de elementos míticos en la narrativa de Carpentier, en conjunto con la pluralidad de voces musicalidad y atemporalidad de la novela, logran plantear un cuadro de lo que es ser verdaderamente caribeño, según Carpentier, y efectúa la reescritura de la historia en un plano mítico tan propia de la narrativa latinoamericana.

III
La Guerra Civil Española (1936-1939) ha sido uno de los eventos más catastróficos del siglo XX en España y también uno de los más novelados desde su desencadenamiento. El 18 de julio de 1936 el general Franco se rebeló contra el gobierno de la República establecido legalmente desde 1931. Con un poco de tiempo se dividió el país en dos facciones irreconciliables, los nacionalistas, tributarios de Franco, y los republicanos, aún fieles al gobierno establecido. A partir de este momento, se desliga una lucha fraticida la cual, comparada a la guerra carlista del siglo XIX, hace que ésta parezca una discordancia trivial. La guerra se inició como una lucha entre hermanos, una guerra ideológica y una lucha social, sin embargo se transformó rápidamente en un conflicto internacional. Los republicanos al igual que los franquistas recibieron ayuda del exterior, convirtiendo así a España en un núcleo mundial en el cual se debatían las grandes ideas del siglo XX: el comunismo, fascismo, socialismo, democracia, monarquismo y anarquismo. Debido a que la conflagración española era una pugna tan eminentemente ideológica es lógico que las novelas de la Guerra Civil mantengan este tono filosófico. (Bertrand de Muñoz 719; Carr 135-172).
A partir del final de la dictadura de Franco se observa en Galicia una progresiva normalización del gallego al igual que una desaparición de la populación rural. Galicia deja de ser un lugar de emigración y se abre a los inmigrantes. Estos cambios culturales se repercuten en la narrativa gallega posfranquista la cual, según Silvia Gaspar, se define como una narrativa comprometida, enfocada en la realidad social y que indaga en el pasado histórico, cuestionando la esencia del ser gallego. Germina de la preocupación por el pasado histórico, patente en la narrativa gallega de los ochenta y noventa, el empleo de elementos míticos y tradicionales de Galicia. Se incorporan en la narrativa leyendas y mitos rurales y marineros del lugar (27-28). El novelista, periodista y cuentista gallego Manuel Rivas forma parte de este movimiento de escritores, autores del género de la novela de memoria gallega, los cuales representan la realidad contemporánea de su país matizados con elementos tradicionales, míticos y fantásticos de su cultura (Losada 18-19; Fruns Giménez 96-99).
El lápiz del carpintero forma parte de un amplio interés literario de Manuel Rivas, desarrollado en sus novelas, cuentos, artículos y reportajes periodísticos, por conservar la memoria de la historia reciente de España (Giménez 99). Esta novela está dividida en veinte capítulos los cuales no prosiguen ninguna dimensión lineal ni cronológica en cuanto a su narración y sujetos, otorgando a la novela una caracterización posmoderna (Jameson 16-18). El primer capítulo, narrado en primera persona, relata el encuentro del joven periodista Carlos Sousa con el médico republicano Da Barca que regresa a España del exilio después de la democratización del país. Se introduce en el segundo capítulo el personaje de Herbal, un ex-guardia civil quien trabaja de cantinero en un prostíbulo de carretera y le cuenta a Maria da Visitaçao, una prostituta africana, acerca de sus días con el doctor Da Barca, estableciéndose así entre ellos un diálogo que inicia el proceso de la recuperación del pasado. En el tercer capítulo, la narración alterna entre la voz en tercera persona y el relato de Herbal quien recuerda la ejecución del pintor Francisco Miguel, amigo de Da Barca encarcelado por ser cartelista republicano.
En los capítulos cuatro, cinco, seis y siete se ostentan escenas del pasado de Herbal quien a pesar de exclamar en un principio “qué carajo le veis a este cabrón” Da Barca (Rivas 52) y a pesar de haber sido asignado a matar al doctor, empieza a cobrar una gran admiración y hasta cariño por éste, reflejando la naturaleza fraticida de la guerra al igual que la idealización del pasado (Jameson 20; Spitzmesser 47-71; Bertrand de Muñoz “Mitificación”). Herbal le confiesa a María da Visitaçao que “le venía siguiendo las huellas desde hacía tiempo no porque se lo hubiesen mandado, sino porque le salía de dentro. Podría decirse que iba tras de él como un perro. . . . odiaba al doctor Da Barca” (Rivas 52). No obstante, el odio que siente Herbal por el doctor se va transformando en fascinación y aprecio y el retrato final que pinta Herbal de Da Barca es de un personaje talentoso, compasivo, súper humano y heroico.
A partir del capítulo ocho hasta el diecinueve se retorna a la muerte del pintor y se continúa cronológicamente hasta la separación de Herbal y Da Barca. Después de ejecutar al pintor, Herbal recoge el lápiz del carpintero de éste y a partir de este momento le vigila a Da Barca, siguiéndolo en la prisión, el tribunal de justicia, un tren “fantasma” (154) y un hospital penitenciario. Herbal se dedica a hostigar a Da Barca “como un perro de caza,” a petición del sargento Landesa, y escribe un informe que contenía “todo cuanto había que saber sobre un hombre. Sus amistades, sus itinerarios habituales, los periódicos que leía, la marca de tabaco que fumaba” (52). Es durante este tiempo que el soldado del régimen conoce a Da Barca y es testigo de un sin número de milagros y hazañas logrados por éste. La novela acaba en la cantina, escena en la cual Herbal le entrega el lápiz del carpintero a Maria da Visitaçao y sale a la calle para encontrase con el fantasma de la muerte (188-189).
El personaje del médico de El lápiz del carpintero es un personaje mitificado, fabuloso y legendario. Desde el primer capítulo de la novela resalta el carácter de Da Barca el cual parece irradiar una luz divina (Tasende 209). Carlos Sausa va a la casa del anciano médico para entrevistarlo y observa que es un hombre “envuelto en un aura de luz invernal” y que a pesar de su debilitado estado físico mantiene el mismo sentido de humor y actitud positiva ante la vida que poseía hace años bajo el régimen franquista. El periodista conjeturaba que iba a entrevistar un viejo agonizante y escuchar “un hilo de voz incoherente.” No obstante, se maravilla de la vitalidad del “viejo rojo irreductible” y admite que “jamás habría podido imaginar una agonía tan luminosa, como si en realidad el paciente estuviese conectado a un generador.” Se destaca también la apariencia física y el gesto bondadoso de Da Barca que “tenía la belleza tísica de los tuberculosos,” una “palidez de loza, barnizada de rosa en las mejillas,” unos dedos que “aleteaban como teclas con vida propia, como prendidas al órgano por una vieja lealtad” y unos brazos que parecían que “su función más natural eran los del abrazo” (Rivas 9-10).
La figura de vitalidad, belleza y luz de Da Barca se contrapone con la imagen quemada, decaída y enfermiza del periodista Sousa el cual se distingue por sus “ojeras” y las “prematuras bolsas en los párpados, como si él fuese el paciente.” El contraste físico entre estos dos personajes es metafórico a la condición espiritual de éstos. Da Barca es un hombre de grandes ideales; están íntegras sus convicciones políticas; cree en la Teoría de la realidad inteligente de Novoa Santos, patólogo e intelectual gallego quien formó parte de la Agrupación de la República junto con Ortega y Gasset (Vilavedra 14), la cual afirma que “todos soltamos un hilo, como los gusanos de seda. Roemos y nos disputamos las hojas de morera pero ese hilo, si se entrecruza con otros, si se entrelaza, puede hacer un hermoso tapiz, una tela inolvidable.” En contraste, Sousa es un hombre apático, indiferente a la vida de Da Barca ya que aborrece todo lo que tiene que ver con la política, el periodismo y la vida en general (Rivas 9-15; Tasende 209).
La imagen de Da Barca se figura por los ojos Herbal. Todo se relata y se revela, desde su perspectiva, añadiendo a la novela una caracterización posmoderna ya que vemos el mundo por los ojos de un personaje, vigentemente, enajenado, bajo y oscuro (Williams 19-32). Herbal, quien forma parte del poder opresivo, describe a Da Barca con admiración y afecto. Nos lo presenta como un santo, un hombre súper humano, un ser inmortal que desafía las más trágicas circunstancias. El doctor Da Barca sobrevive un tiro en la boca, ejecutada por el mismo Herbal, y se convierte en “una especia de ser invisible, inmune, que había que ignorar por un tiempo hasta que recuperase su naturaleza mortal” (Rivas 70). El capellán de la prisión sostiene que es “un milagro” y el director de la cárcel afirma que Da Barca es indestructible (72). Tanto miedo le tenía el régimen falangista a Da Barca que le procesan una segunda vez, por más que ya le hubiesen dado la cadena perpetua, por si acaso resucitara (168).
Otro elemento contribuyente a la mitificación del personaje del médico es el espíritu humanitario de éste. Da Barca resurge a través de la novela como una figura bondadosa siempre dispuesta a sacrificarse por los demás. El doctor se preocupa continuamente por el bienestar físico y espiritual de los prisioneros. Es el socorro de la prisión (77). No sólo les da de comer milagrosamente a los prisioneros (86-89) sino que también alimenta sus almas por medio de sus cuentos. Un ejemplo claro del amor y sacrificio del doctor por el prójimo se observa en la escena en la cual Da Barca asume el nombre de Dombodán para librarle a éste de la muerte (71-75).
El poder de Da Barca es impresionante; posee “el poder de la mirada” el cual logra que todos los prisioneros le obedezcan. Sabía el nombre y la historia de cada uno de los prisioneros, “fuesen políticos o comunes”, de memoria. No necesitaba de ficheros médicos; se acordaba de todo (79). Todos los prisioneros lo admiraban y le tenían gran estimación. Hasta el personaje más peligroso y violento de la prisión, Gengis Khan, se aferra lealmente al doctor y le sigue a todas partes en fin de protegerlo (80).
Tal es el poder de Da Barca sobre Herbal que éste nos cuenta que se le “barrió la voz” y que se arrepiente de no haber defendido a Da Barca y a su mujer Marisa Mallo cuando le mandan al sargento García a separar a la pareja, Tal es el respeto y apego que Herbal tiene por Da Barca que renuncia sus propios deseos por Marisa Mallo, de quien estaba enamorado desde que era pequeño, y admite que fue un cobarde al no atestiguar que la pareja estaba casada legalmente y que tenían papeles para comprobarlo (177). El sargento García acaba tan hechizado por el médico revolucionario que pierde el juicio, “enajenado por la labia y la mirada hipnótica” del doctor Da Barca, que le invita a éste y a Marisa a pasar la noche en un hotel “para que pasen por fin su noche de bodas” (178-179).
El poder hipnótico de Da Barca sobre los guardias, Herbal y García, al igual que Gengis Khan y los otros prisioneros acentúa la caracterización mitológica del médico y alude al tema de la imaginación colectiva. El médico le hace imaginar a Gengis Khan y a todos los prisioneros que están disfrutando de un magnífico banquete. Es tan fuerte está experiencia ilusa que Gengis Khan empieza a “cobrar color”. Se transforma de un hombre “pálido y magro” a un hombre de “brillo y color de un abad goloso”. Se enfatiza en esta escena el poder súper humano de Da Barca quien alimenta a todos los prisioneros a través del poder imaginativo. Tal es su efecto que los prisioneros “rechazaron tomar la comida del día, sin manifestar ningún signo de protesta ni explicar los motivos de esta actitud”. Da Barca “le hace subir la glucosa” a los prisioneros al crear el ilusorio de una cena deliciosa que incluye “un cóctel de mariscos”, “un redondo de ternera con puré de manzana, regado con un tinto de Amandi”, “tarta de Santiago”, “castañas de Caurel” y “vino blanco del Rosal” (86-88).
El tema de la imaginación reaparece en el capítulo trece en el cual el pintor Francisco recalca que las imágenes son más importantes que las palabras. Señala que lo importante es ver: “. . . Homero, el primer escritor, era ciego” no obstante “tenía buena vista” y que los niños son los más aptos para recrear el mundo real ya que son muy imaginativos (89-90). En el mismo capítulo, Herbal recuerda que de niño inspiraba el olor de la madera y cerrando sus ojos veía a una mujer “bañada en el río.” Se posibilita esta visión porque el abuelo Nan le había enseñado desde que era pequeño que la madera de abedul huele a mujer (95). Se alude en esta escena el tema del ideario colectivo y como éste es fruto de la herencia cultural ya que es el abuelo quien transmite esta herencia cultural.
El tema de la memoria se recalca en este mismo capítulo con la escena del paciente Biquiera quien padece de un “dolor fantasma,” sirviendo como tropo metafórico al dolor “insoportable” o “memoria del dolor” que forma parte de la memoria colectiva debido a los daños causados por la guerra. A Biquiera le amputaron el pie derecho, no obstante sigue sintiendo dolor en este pie ya que el dolor todavía forma parte de su consciencia (109, 113). Del mismo modo, aunque la guerra haya acabado hace más de medio siglo, el recuerdo de este conflicto permanece aún engramado como “cicatrices en la cabeza” en la memoria cultural de España.
La necesidad de recuperar el pasado y sus dolencias se encarna en el personaje de Herbal. A través de la novela se empeña el ex-soldado del régimen en recobrar el pasado de Da Barca y otros prisioneros políticos de la Guerra Civil (174). Otro ejemplo que enfatiza el concepto del dolor fantasma se evidencia en el capítulo seis en el cual el pintor se empeña por “retratar las heridas invisibles de la existencia” (41). O en otras palabras, el peso psicológico que carga una sociedad debido a los traumas del pasado.
El esfuerzo por reestablecer los recuerdos del pasado es percibido en el contraste de los personajes del periodista Sousa y de Da Barca. Al contraponer estos dos sujetos novelísticos, Rivas alude a los ideales del pasado, encarnados en el viejo republicano Da Barca quien parece no perder nunca sus creencias por más pesares que éstas le hayan causado, y los contrasta con la bancarrota de las ideologías izquierdistas patentes en una generación de españoles, los cuales se sienten defraudados y fracasados ante el vacío ideológico y el desencanto reinante en España después de la llegada de una democracia ansiada por tantos años (Ferrer Solá, Gracia, Valls, Mainer, Tasende). Graham y Sánchez señalan que los efectos producidos por la globalización y los embalados cambios sufridos en España, surgidos desde la muerte de Franco, elucidarían la inquietud cultural del país adquirida en las últimas décadas (408-410). Se produce, debido a este desconcierto cultural, un estado de enajenación, neurosis y confusión a un nivel individual y social que contribuye al auge de una visión idealizada del pasado (Morgan-Tamosunas 118-121).
Según Mercedes Tasende, la idealización del pasado a nivel cultural genera un sentimiento de nostalgia, patente en los relatos de Herbal (216). Esta visión nostálgica del pasado es un mecanismo propio de la cultura posmoderna ya que el ser posmoderno es incapaz de innovar nuevas estéticas representativas del presente debido a su inhabilidad de enfrentarse al tiempo y a la historia, produciendo una especie de amnesia histórica. Por lo tanto, crea una visión idealizada del pasado (Jameson 20). Manuel Rivas revisita el pasado con el deseo de enfrentarse a ésta, exponiendo la verdad de la guerra y la posguerra. La Guerra Civil es vista por la generación de la posguerra como “un episodio hasta cierto punto tremendista y melodramático,” ya que están un poco más distantes los horrores de la guerra y porque ha perdido su sentido trágico (Spitzmesser 117). El autor comprometido a conservar y recordar el pasado histórico se empeña en derrumbar el discurso de los historiadores del régimen franquista y a crear nuevos mitos que resalten el discurso republicano (Tasende 217). La misión del autor comprometido emerge encarnado en la voz del médico Da Barca quien afirma que “la peor enfermedad que podemos contraer es la suspensión de las consciencias (149).

IV
Los elementos míticos y posmodernos destacadas en las novelas de Carpentier y Rivas despliegan una preocupación de sus autores por recontar el pasado desde una perspectiva propia. La pluralidad de voces o perspectivas, tan propia del postmodernismo, se encarna en la estructura polifónica, encarnada en el tema de la música, que le otorga Carpentier a su novela y la coexistencia de sujetos narrativos de diversas épocas históricas le ofrece a su labor narrativa una cualidad mitológica. Del mismo modo, la fragmentación de la narrativa de Rivas en El lápiz del carpintero al igual que la mitificación del personaje del médico ostenta la matización de la mitología con la historia y sirve de tropo legitimador a la voz de los republicanos, silenciados por tantos años bajo el régimen franquista. El influjo de la estética narrativa latinoamericana en la cual se entreveran hechos históricos con la mitología del lugar se manifiesta en la novela de Manuel Rivas y ostenta la adquisición de esta estética al igual que la condición postmoderna en España.

Obras citadas

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Carpentier, Alejo. “Cuatro preguntas a Alejo Carpentier,”
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Llamazares, Javier Marías, Antonio Muñoz María y Manuel Rivas. Diss. University of Massachussets Amherst, 2001. Ann Arbor: UMI, 2001. ATT 3027200.
Gaspar, Silvia. “La novela gallega (1975-1978).” Ínsula. 629 (1999): 27-29.
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Zuckerkandl, Victor. Sound and Symbol: Music and the
External World, trans. Williard R. Trask. Princeton: Princeton University Press, 1956. p. 152.

Daniel, creo que tu trabajo está muy bien escrito y bien documentado. Solo he marcado cosas menores como deletreos, artículos y acentos. EL contenido y la organización de la materia me parecen bien. La bibliografía también esta bien documentada. Haz los pequeños cambios que te indico y ya está listo.

Sé que todo se debe entregar para el día 6 de julio mas o menos, yo no estaré en Texas hasta finales de julio. Te encargo que hables con el Dr. Fischer para ver que se puede hacer. Yo creo que el podría firmar la forma para la calificación se lo autorizo.

Bueno, me dejas saber que pasará. Que sigas teniendo un buen verano. Saludos.

Diary – December 24, 2007

12/24/07

I’m still searching for meaning in my life. Where do I find meaning and purpose? If you had asked me this question a few years ago I would have told you that becoming a doctor would give meaning to my life. Once I finished my medical education I would finally be a useful citizen. I found no meaning in medical school. I found no greater calling, no intellectual stimulus, no creativity, no emotional, spiritual, or intellectual outlet.

Source:/Volumes/OneTouch4/SPAN/LITERATURA1/diary.doc 12/24/07 1:19 AM

My motivation for seeking a commission in the U.S. Navy Medical Corps

Frouman, Daniel. APPLICATION FOR COMMISSION IN THE U.S. NAVY/U.S. NAVY RESERVE.  2007-10-17
VIII. MOTIVATIONAL STATEMENT

Utilizing the space provided, in 400 words or less, state why you are seeking a commission.

My motivation for seeking a commission in the U.S. Navy Medical Corps is rooted in a personal resolution I made many years ago to do something useful with my life. This has also been my drive throughout college, graduate school, and medical school, as well as a teacher. I believe the Navy Medical Corps will allow me the opportunity to continue to fulfill this resolution by giving me the chance to serve my country, help those in need, and finish my medical education. Finishing college, graduate school and getting into medical school has been an upstream struggle, considering that I didnít receive much education before college and since my parents werenít around when I was growing up. However, I feel that thanks to our government I was still able to receive an education despite my lack of resources and academic preparation. I feel that by joining the Navy Medical Corps I will have an opportunity to return some of what I have been blessed with by serving as a physician for those who work so hard so for our country.
Nonetheless, I must confess that there is also part of me that wants to travel more and see more of the U.S and other parts of the world. I like adventure, seeing new places, meeting new people and learning new skills. I believe that as a Navy physician I will be able to do all of these things. I like physical activity (I run and swim almost everyday) and have always wanted to have a job someday that required some physical activity. Again, I believe that the Navy will provide this opportunity for me.

“DIARIO Daniel”

Found in Daniel’s files. Dated June 13, 2008.

Too seldom do we dwell on what lies on the exterior. We identify ourselves with what we do, what we have, what we look like.

There is a disconnection between who I believe I am and the language we use to describe and identify ourselves. What defines me is perhaps how I feel when I hear Brad Mehldau play “Alfie,” ‘Wonderwall,” “Day is Done,” or “Knives out;” Keith Jarret playing “All the things you are,” “Someday my Prince will come,” or “The Meaning of the Blues;” Coltrane playing “A love Supreme;” Buddy Guy playing “Your Damn Right I Got the Blues;” Chris Potter playing “Star Eyes;” Hendrix playing “Red House;” Luther Alison playing “Evil is going On” ….. You get the idea. Does music define me? I’m a medical student. Does medicine define me? I’m a professor. Does being a professor define me? None of these things define who I am. I love music so I play it. I want be useful so I teach and I study medicine but I feel that none of this has anything to do with who I am. To this day, I have failed to find the words that accurately define me. Maybe this is why people like Prince invent symbols to identify themselves.

I love my many friends, colleagues, students, mentors, and protégées. These folks have been my family over the years.

Recently it has been really hard to embrace everyone I encounter in San Marcos, Texas. I guess things are really fucked up in the world right now. Everyone assumes the worse. Everyone is afraid. You say “Hi” to a student outside of class after you just wrote them a letter of recommendation and they run away; you meet someone for the first time and tell them that it was nice to meet them and they don’t respond, you tell someone that you are studying medicine and they say” fuck medical science,” you decide to serve as a physician in the military and your closest friends disown you. One day these folks will ask me to write them a letter of recommendation, prescribe them drugs, save their lives, or lose my life trying to save theirs and I will gladly do my job with a smile. What will they say about medical science when they need their appendix removed, break a limb, or have cancer?

“25 things”

I found this in Daniel’s files. Apparently he posted it on Facebook (possibly in February 2009) and then removed it a few days later.

1. My name is Daniel Pasquale Frouman. Some folks call me Danielin, Danielito, Pasqualito or Che, which I don’t mind. Other folks call me Danny or Dan, which I do mind. I don’t know why.

2. I learned to play music on my own before the age of 7. I would sit on the street and watch other people play guitar and then imitate the shapes they made with their fingers on my older brother’s guitar.

3. When I was a kid I sold things on the street, I shined shoes, I sang and played guitar for change and sometimes, usually on Sundays, I would go to the market and unload sacks of potatoes from these large trucks. I guess that’s how my stepfather made a living.

4. I have slept in parks, under bridges, on the beach, and on a pool table in a bar.

5. During siesta I would take a break from work when I was a kid and go to this hotel downtown. The maids would let me play the piano in the dinning area. I don’t know what I played or even if it sounded good. I do remember that it was in E minor.

6. I know what it is like to be hungry. Real hungry.

7. Some religious folks took care of me for a while when I was a kid. I had to recite verses and even chapters from the Bible in order to eat. They also gave me a lot of work and responsibilities. I milked cows, shoveled manure, dug ditches, made bread and cheese from scratch, and spent a lot of time in the kitchen.

8. I have been to over 25 countries and I speak 4 languages fluently. For some reason I don’t have much of accent in any language so folks usually don’t think I’m a foreigner. Rather, they think I’m slow.

9. I don’t believe in God although I did when I was a kid. I have read the Bible, the Bravagad Gita, the Koran as well as all the works of Plato, Aristotle, Kant, and Nietzsche as an adolescent, followed by over 280 books encompassing the main of Latin American and Spanish Literature hoping to find truth. All I found was a piece of paper in the mail with Master of Arts written on it.

10. I remember things about everyone I meet. I’ll meet someone briefly and then run into them 2 years later and remember that they like to play tennis, that they studied psychology and that they have a dog.

11. Sometimes I feel like everything has been said already and that I have already heard everything that everyone says. It’s like I know what they are going to say before they say it.

12. I’m ambidextrous. I taught myself to write with my left hand after I was hit by a drunk driver and couldn’t use my arm for a few years after surgery.

13. I never wanted to go to medical school. I wanted to study Cell Biology and do some kind of crazy research but someone told me that someone like me could never get into medical school so I applied to prove them wrong. I was also told that I couldn’t study chemistry or biology at UT since I didn’t have a strong high school background (since I never went to high school) so I ended up doing graduate work in Chemistry just to prove them wrong. I guess I don’t like it when people tell me that I can’t do something.

14. A week after my older brother past away I ran my first marathon. He always said that he wanted to run a marathon so I ran one for him. I have been running for 15 years now.

15. I got married once. It wasn’t an official marriage. My girlfriend at the time and I went up a mountain and married each other. We bought $15 rings from Walmart, a bottle of rum, a candle and a deck of cards. We said our vows, drank rum and played rummy. So I guess that is why I have never gotten married. I need to get a divorce first. 

16. Teaching is the coolest thing I have ever done. Some of the coolest people I have met were my students.

17. I have terrible allergies in Texas, especially Austin and Dallas. I plan to move to the beach one day.

18. I want to go skydiving, learn to ski and finish an Iron Man in less than 9 hrs.

19. I bought a piano recently. Since then, everything has been great.

20. I have really good friends all over the place. Really good friends.

21. Shawshank Redemption was my all time favorite movie until The Big Lebowski.

22. I have 86 cousins.

23. I don’t like talking about myself and it feels weird to have written over 20 sentences that begin with “I”.

24. I’m obsessed with Brad Mehldau and Keith Jarrett.

25. Sometimes I feel like music is the only effective mean of communication.

Photos and video from the Daniel Frouman Jazz Extravaganza

Photographs from the Daniel Frouman Jazz Extravganza have been added to the Daniel Frouman Memorial Photo Archive.

Please contact me if you have any photographs you would like added to the archive.  My camera had some battery issues so I didn’t get much video but I did manage to film a short clip (embedded below) of some of the amazing music.    I would like to thank everyone who organized, participated in and attended this event.  It meant a lot to me to see and hear Daniel friends playing the music he loved.

The Daniel Frouman Memorial Running Club 5.5 mile run at the end was also fun although unfortunately I got tired and was only able to run about 2 miles before I gave up and walked the rest.  Kudos and congratulations to those who stuck it out and ran the whole way.

Photographs

For those who are interested, I’ve uploaded a zip file (400MB) of all the images currently in the Daniel Frouman Memorial Photo Archive.

I also used Picasa to create some large collages suitable for printing and framing (note: the links should be working now, click on the thumbnails to view/download the full-size images):




On a related note, I have virtually no photographs of Daniel taken during the nearly 11-year period between October 1982 and May 1993. The main reason for this is that most of the photographs of Daniel and his siblings that were taken during this period were intentionally destroyed (“purged”) in 1992 and earlier. The few (less than 5) that I have are the rare ones that were mailed to (and saved by) some of Daniel’s relatives. I am hopeful that there are still a few more out there and that not everyone followed the orders to purge their photo collections. So anyone who has any pictures of Daniel or any of his siblings from that time period, please do the right thing and send them to me.